miércoles, 13 de enero de 2010
Adolescer
Llegando tarde, como siempre, no quiero escuchar a nadie, suficiente con que fuera lunes, que lo parió. Ahí estaba el chancho colorado dando instrucciones, como siempre. Me vio, y no fué capaz de decir buen día. El muy hijo de puta, como siempre la tiene conmigo, me hice el pelotudo y busqué mi escritorio, “con vos tengo que hablar... pero después”. Anda al carajo , pensé y seguí con lo mío. Todos me miraban, esa invitación al diálogo del chancho los intrigaba, a mí no me preocupaba, ojalá me echara a la mierda de una vez por todas de esta oficina. Tres años sin progresar, siempre cobrando lo mismo y encima aguantando a la sarta de boludos que el chancho tiene dominados, forros sin futuro, siervos de la gleba, aprendices de pusilánimes que se acongojan si pierde River, pero se les puede morir la vieja que no se les cae una sola lágrima. Ma´ sí, qué me caliento, como si yo pudiera arreglar algo. Ahí viene el porcino de nuevo al ataque “ a ver Carlitos, pasá por mi oficina...” “ya voy papá... ya voy”.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario